5 excusas para ir a Menorca

Aún quedan semanas para las vacaciones, pero el finde pasado nos escapamos en busca de mar y con muchas ganas y necesidad de desconectar. Queríamos vida de bebé, donde lo que más nos preocupase fuesen nuestras necesidades básicas. Y terminamos teniendo vida de jubiladas. Y qué vida. El destino salvador de nuestra rutina fue Menorca, una isla a la que le teníamos bastantes ganas y, ¡vaya isla! Casi nos empadronamos allí y hasta Vueling se esforzó para que nos quedásemos allí a vivir. Seguro que no te hacen falta excusas para escaparte, pero por si acaso, hoy traemos cinco, para que te autoconvenzas de que necesitas una isla como Menorca en tu vida.

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Probablemente cuando piensas en ir a las Baleares, Menorca no es la primera isla que se te viene a la cabeza. Eso es porque no te han hablado de sus playas. Ríete Caribe del mar de Menorca. Aguas cristalinas, rodeadas de vegetación. Madrugones y caminatas entre pinos para llegar a playas como Mitjana o Macarella, que merecen mucho mucho la pena. Adelantarse al resto de visitantes menos madrugadores es casi una obligación para poder disfrutar por unos instantes de la soledad de la playa.

En Menorca tienen una pomada mágica, que no se extiende sobre la piel, sino que se bebe. Esta mezcla de ginebra local y limón cura todos los males y toda la rutina.

El atardecer es un momento mágico, que normalmente nos perdemos. Pocas veces nos concedemos el momento de parar y disfrutarlo. Y si hay un lugar donde vivir y saborear el atardecer en Menorca son las Cuevas del Xoroi.  Y si el cuerpo aguanta, además de el atardecer, puedes prolongar la fiesta hasta la madrugada y bailar como si fueses una bailarina de Fama.

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En el noreste de la isla, se encuentra el Faro de Favaritx. Dentro de una reserva natural (toda la isla es patrimonio natural de la Unesco) y es un punto donde encontrarse, iluminarse, mirar por el acantilado como rompen las olas y mirar hacia más allá, más allá del mar. Los faros tienen ese punto mágico, capaz de marcar el camino cuando parece que el rumbo estaba perdido.

Y como buenas glotonas, la comida, que siempre al lado del mar sabe mejor. La gastronomía de Menorca tiene mucho que decir: la caldereta de langosta, el queso de Mahón, las berenjenas al horno y cualquier pescado a la menorquina no deben faltar en la dieta básica.

Menorca nos ha conquistado, pero cualquier destino es especial si se comparte con la compañía adecuada. Esa es la mejor excusa.

¡Feliz miércoles!

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