Cabeceros que no son cabeceros o cómo dormir sin ellos

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“No me gusta ningún cabecero”, “si pongo aquí la cama no me cabe un cabecero”, “¿tengo que poner cabecero obligatoriamente?”. Ay amigos, reflexiones varias de cualquier hijo de vecino recién mudado o con ganas de darle una vuelta a su casa. Vivir (y dormir) sin cabecero es posible sin que la habitación quede sosa, sobria, con la sensación de “a medio terminar” o sin que a nuestra abuela le dé un patatús (que las hay muy “fans de los cabeceros”).

En el post de hoy os proponemos varias opciones por si decidís prescindir de una pieza decorativa que tenemos grabada a fuego cual adicción y de la que, sí, amigos, se sale. Y lo mejor de todo… ¡son todos DIY y con unos presupuestos bastante ajustados!

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