Empezamos este post, un clásico en estas fechas, mostrando nuestra disconformidad con lo señores y señoras de Pantone (¿Por qué amiguis, por qué? ¿Por qué el color morado y sus derivados? ). Y es que como es habitual por estas fechas, Pantone ya se ha pronunciado y ha escogido como color del año para 2018 el Ultra Violet. Y se han quedado tan anchos.
¿Se nota mucho que tenemos una relación complicada con este color? Nos declaremos cero fans del violeta, morado y su familia más aún cuando echando un poco la vista atrás… ojito a los colores del año de otras ediciones de Color of the year. Pero, pero… ¡Pantone! ¿os habéis vuelto crazys?
Pero el equipo de este blog (nosotras tres, vaya) ha hecho de tripas (violetas) corazón y fieles a nuestras tradiciones hemos hecho el clásico post lleno de inspiración ultravioleta para (dolor) alegría de nuestras pupilas.
Vale, admitimos que llegados a este punto… nos empieza a no disgustar tanto el color. Este baño de inspiración ultravioleta no nos está viniendo tan mal… además, entre los motivos para escoger este color como color del año está el musical y hacen referencia a estrellas como Prince, David Bowie o Jimi Hendrix, que tuvieron sus idilios con el violeta. Nos van convenciendo…
Ojo, que no estamos convencidas del todo… reconocemos que a estas alturas de post nos hemos reconciliado un poco con este color, pero seguimos sin vernos con él… ¿Os pasa esto con algún color? ¿Le tenéis ojeriza a este tipo de colores, como nosotras, o sin embargo os encanta?
Por cierto, ¡mucha suerte para mañana en la lotería, amiguis! ¡Hasta mañana!
A estas alturas del mes, dudamos que haya algún salón huérfano sin árbol de Navidad. Pero si aún os estáis haciendo los remolones, os está costando ponerlo o no encontráis el ánimo suficiente… éste es vuestro post. Porque estas navidades hemos fichado una tendencia que no puede ser más fácil: el «naked tree», el árbol desnudo, o lo que es igual… no adornar el árbol y quedar fetén.
El flechazo lo encontramos en nuestro admirado perfil de IG de A beach cottage, una preciosidad.
Si no has tenido tiempo, si no te molan tus adornos, si no quieres poner decoración porque tienes peques en casa o mascotas que puedan quitar o romper los objetos que cuelgan…¡éste es tu árbol!
El naked tree (no confundir con naked man, por diorrr), es tan sencillo como poner el árbol e incluirle algunas luces. Ya está, sin más. Obviamente si utilizas un árbol natural, artificial pero de los más currados… el resultado siempre será más bonito. Importantísimo siempre… cubrir el pie del árbol, una manta, alfombra, una tela bonita o un cesto son opciones muy válidas para que no se vean las patas metálicas y el resultado sea ¡bonitista!
¿Qué os parece? ¿Os animáis con el «naked tree» navideño o sois más de adornos por todos sitios? A nosotras nos ha convencido bastante, este año ya tenemos el árbol puesto en casa pero no lo descartamos en navidades venideras.
¿Tenéis puesto el árbol todo el mundo ya, noooo? ¡Queda nada para Navidad!
Este pasado fin de semana he estado en París y, como me suele pasar, he vuelto a venir enamorada de la ciudad. No sé describir lo que tiene. Me gusta muchísimo Londres y Nueva York me provocó un estado de emoción máxima perenne, pero lo de París es otra cosa. Y ahora que lo pienso, puede que tenga algo (o mucho) que ver que siempre que voy a París voy con mis amigas… y en ese sentido, este fin de semana ha sido muy, pero que muy, especial.
Y es que, amigo diario, para empezar hemos hecho viaje las tres bonitistas juntas, y eso debería marcarse en el calendario como un hecho histórico. No se suelen alinear los astros tan bien pero es que había un motivo de peso: se «pacsaba» nuestra amiga Patri, y eso había que celebrarlo juntas. ¿No sabes que es eso de «pacsarse», verdad? Nosotras tampoco lo sabíamos, pero es algo así como hacerse pareja de hecho en España. Lo más parecido a casarse en estos tiempos, ¿no crees?
La aventura empezó el jueves por la noche. Rocío se quedó a dormir en mi casa porque teníamos que levantarnos a las 3 de la mañana, sí, sí… como lo estoy escribiendo. El coche que nos llevaba al aeropuerto nos recogía a las 4 am. del viernes así que imagínate nuestras carusas en el trayecto de ida. Cuando llegamos, Patri nos estaba esperando en la parada de metro más cerca a nuestro hotel y París nos recibía con un día tan frío y lluvioso que parecía sacado de una escena de película.
Fuimos al hotel a recomponernos las caras y a comer algo y a hacer algo de tiempo para que llegase el resto desde Madrid: Rocío y Auxi, las bonitistas, junto a Paola y Carmen.
¡Por fin las siete juntas! Y como somos de buen comer, ¡qué mejor que celebrarlo con una fondue y bien de vino! Consejo bonitista: bebed vino y comed moderadamente queso fundido… la mezcla en las paredes de vuestro estómago no siempre es apuesta segura. Patri nos llevó a Heureux Comme Alexandre, un sitio con un encanto especial y lámparas de ensueño.
Y después de comer… a pasear. Hacía más frío en París que en la comunión de Pingu, ¡hasta nos nevó! Pero nosotras hicimos un poco de turismo mientras intentábamos bajar las decenas de miles de calorías que llevábamos en el cuerpo gracias al queso (más el pan, patatas y carne… porque ya que nos ponemos…nos ponemos). Después un rato al hotel a descansar y a cambiarnos porque por la noche nos esperaba una reserva en uno de los restaurantes de moda en París: Pink Mamma. Un restaurante italiano de varias plantas y decoración es-pec-ta-cu-lar y un musicote que bien podría parecer una discoteca de Ibiza en verano.
Igual piensas, querido diario, que después de la fondue no pudimos cenar. Puees… estás equivocado, porque nos zampamos unas cuantas pizzas entre todas, alguna ensalada y un par de tiramisús. Ah, y chupitos de limoncello. Otro consejo bonitista: no coreéis ¡chupito, chupito! en un restaurante en París. El chupito al final de la cena no es invitación de la casa… y además vale 4 euros. Y de ahí… paseo de vuelta al hotel y a dormir que ya llevábamos casi 24 horas despiertas. ¡Yeahhh!
A la mañana siguiente, sábado, nos esperaba también un día entretenido. Cualquier boda (o similar) que se precie, tiene que tener su despedida de soltera. Así que a quién a se le ocurre traer en una maleta de mano en un vuelo de bajo coste un disfraz de unicornio hinchable…¡a nosotrassss! Un grado de temperatura, París colapsado por el funeral de Johnny Hallyday (que en paz descanse el señor), una española vestida de unicornio y otras seis con diademas a conjunto. ¿Alguien da más?
Querido diario, obvia nuestras caras. Pero esta es la mejor foto que tenemos…es para hacérselo mirar.
Después de ver la Torre Eiffel… y hacernos una sesión de fotos allí que es mejor olvidar…
Nos fuimos a comer a un sitio por Bastille muy recomendable también. Se llama Le Gran Breguet y sirven comida bio en bol, hay para elegir vegetariano o con proteínas animales. Una nave enorme que además sirve de galería de arte. ¡Cómo son estos parísinos!
Y de aquí, de nuevo al hotel. Descansito y a sacar nuestras mejores galas para la gran noche: ¡la celebración del pacs! (o del «pacsamiento» como lo acabamos castellanizando). Estas fotos la dejo para intimidad de la pareja, pero os aseguro que fue una auténtica fiesta. De esas que te dejan ganas de repetir y en las que te sientes como en casa aunque estés a miles de kilómetros de tu casa.
Juntarnos todas en la ciudad que sea siempre es una buena noticia. Hijos, obligaciones, trabajos, familia, distancia… pero hay momentos en los que el orden de prioridades cambian, aunque sea solo durante 48 horas, y los madrugones, billetes de avión a precio abultado, mamis separadas de sus hijos, mails por responder y kilómetros recorridos importan un poco menos. Y eso, querido diario, mola mucho.
Hace unos días cumplimos 5 años. En todo este tiempo han cambiado y evolucionado muchas cosas, en otras aún tenemos trabajo por hacer, pero si hay algo que no ha cambiado desde 2012 es nuestra filosofía. O al menos, las bases sobre las que construimos nuestro pequeño proyecto cuando aún no habíamos ni entrado en la década de los treinta. La base de todo era compartir, ver y hacer cosas bonitas que nos alegren la vista. Por eso aquí, en nuestro pequeño rincón, nos permitimos hablaros de todo y nada a la vez, os compartimos impulsos, pasiones, descubrimientos y sueños.
Y toda esta introducción (la hago con la lagrimilla) es para deciros que nos encanta compartir fichajes y descubrimientos de esos que te reconcilian con el mundo a través del arte, belleza en el sentido más pleno de la palabra. Bonitismos al fin y al cabo, en cualquiera de sus formas, y eso es lo que nos han parecido las ilustraciones Bijou Karman.
La descubrimos por casualidad en una de nuestras asiduas visitas a la web Apartment Therapy. Allí nos cruzamos con ella y con el trabajo que había desarrollado para esta web y dijimos: «¿pero esta ilustradora quién es? ¡Qué maravilla!». Así dimos con esta artista e ilustradora nacida y afincada en Los Angeles que ha trabajado para Converse, Elle, Harper´s Bazaar o Rihanna, nada más y nada menos. ¡Toma ya!
Nos encanta el rollazo que tiene a la hora de reflejar a las mujeres actuales, las expresiones de sus rostros, sus formas de actuar… enamoradas también estamos del trabajo que tiene específico relacionado con el mundo de la moda. Bijou Karman, te adoramos.
Todas las imágenes son de la web de Bijou Karman y no os podéis perder su tienda que es muy aconsejable de cara a cartas para Papa Noel y Reyes… ahí lo dejamos.
Pues eso. Gracias por compartir otro año más con nosotras y con nuestras historias. Más grande o más pequeña, después de cinco años ya somos familia. Y eso es simplemente…¡genial! Hasta mañana.
Soñar no tiene límites y además es gratis. Así que soñemos hoy con casas bonitas, grandes, de techos altos y con los muebles que siempre quisimos. Que esto, ojo, tiene trampa… porque los estilos e influencias en decoración vienen y van… y claro, no es lo mismo cambiar cada temporada de falda y jersey que de casa. Pero bueno, estábamos soñando, así que sigamos con bonita realista hipótesis de que podemos cambiar el aspecto de nuestro hogar cada vez que una tendencia decorativa nos robe el corazón. Y de esta forma llegamos a los motivos por los que nos gustan, y mucho, las casas con molduras.
Sí señores y señoras, las molduras de escayola de toda la vida son tendencia decorativa. Y aún bajándonos del sueño y sin necesidad de tener un palacete de estilo renacentistas en el centro de una ciudad, es compatible las molduras de techo y pared con el 2017.
Motivo 1: tener molduras suele implicar tener techos altos.
Vale, los techos altos no es lo más calentito del mundo mundial, pero si se tienen… molan. La luz y la amplitud que ofrecen dan un ambiente muy especial a las casas y adornados con molduras ya son taaaan ideales.
Motivo 2: No hacen falta muchos más elementos para que el resultado sea fetén.
Un suelo blanco de madera (sí claro, bonitistas, muy habitual en los pisos españoles… – estábamos soñando-) y unos cuantos elementos más son suficientes para decorar un espacio si ya cuentas con molduras en el techo.
Motivo 3: combina bien con cualquier color, desde pasteles al negro.
Las molduras de escayola hacen buena pareja con todos los colores y con estilos de decoración dispares. Nos encanta la combinación con la pared en ese precioso tono verdoso y con algo más sobrio con predominio del blanco y negro. ¡Mo-ri-mos!
Motivo 4: funciona en el recibidor y hasta en la habitación. Y mejor con «bien de» lámpara.
Incluso en el baño. Todas las habitaciones de la casa (seguimos soñando, me río mientras escribo lo de «habitacioneS» en plural… ay omá) funcionan con molduras. Y las lámparas… imprescindibles. Así de rotundo.
Y todo esto lo escribo en un mini escritorio de una minihabitación en la que además de tener mi espacio de «trabajo», está el armario de Mr. Bonitisto, dos burros con los abrigos, los zapatos, una despensa, las cosas de la limpieza, la aspiradora y las botellas de agua. Poco espacio queda ni para pisar… como para pensar el molduras de techo. ¡A soñar bonito!