Cocinas sin secretos con estanterías al aire

Cada vez tenemos menos secretos, o quizá sabemos disimularlos mejor. Será la época de la sobrexposición en redes sociales, pero parece que cada vez cuesta menos desnudarse y abrirse a los demás. Si esto nos lo llevamos a la decoración, no es de extrañar, que las estanterías al aire estén cada vez más presentes en nuestras vidas. Son una tendencia de las últimas temporadas y parece que ya no queda un rincón donde poder esconder lo que nadie debería ver.

Llevar esta tendencia a un territorio donde no es difícil generar caos, se nos antojaba un pelín complicado. Pero la verdad es que haciendo repaso de unos cuántos blogs de decoración, nos hemos convencido de que las estanterías al aire quedan bien hasta en la cocina. ¿No os lo creéis? Pues mirad.

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Para que las estanterías al aire luzcan bien en la cocina es indispensable contar con una bonita vajilla y utensilios con un toque diferente, que sean útiles, pero también decorativos.

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Si juegas con los colores de tus platos, le darás un toque bonitista total con tu cocina (donde no hay secretos).

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Para estas estanterías, los botes pueden convertirse en nuestros mejores aliados para tener todo el orden. Un sistema de etiquetas te ayudará a no confundir la azúcar con la sal.

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Si echas de menos más muebles donde guardar todos los cachivaches que acumulas en tu cocina, quizá una estantería al aire liberará a ese horno, que sin él quererlo, se ha convertido en alacena.

¡Feliz jueves!

 

Bibliografía sentimental: ‘Hacia rutas salvajes’

Hay libros que marcan un antes y un después en tu vida. Libros que relees una y otra vez, los subrayas y no puedes dejar de compartir con el mundo. Te vuelves casi en una suerte de evangelizador de la palabra escrita, y es que esos libros forman parte de tu bibliografía sentimental. Y cuando eso ocurre es la auténtica magia de la literatura, que no tiene que ser ni buena ni mala, sino simplemente libros que te hacen sentir más allá de las páginas.

Ese es el caso de Hacia rutas salvajes, quién lo haya leído probablemente entienda mucho mejor este post y su importancia dentro de nuestra particular bibliografía. Hacia rutas salvajes (sí, también hay una peli) es la historia real de Christian McCandless, un joven estadounidense, que un día lo dejó todo, desapareció para convertirse en Alex Supertramp, y apareció dos años más tarde muerto en Alaska. Tranquilos, no es un spoiler, lo leeréis en cualquier trasera o sinopsis tanto del libro como de la película. El libro, escrito por el periodista Jon Krakauer, sigue los pasos y la motivaciones de, para unos un auténtico idealista aventurero, y para otros un loco descerebrado que se internó solo en el bosque de Alaska.

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Basta echar un vistazo a Google o a Pinterest para saber que no somos las únicas que nos hemos quedado fascinadas con la historia de Alex Supertramp. Multitud de pósters, portadas alternativas, citas inspiradoras y hasta su propia tipografía se suceden en los resultados de búsqueda.

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Y es que Hacia rutas salvajes es un auténtico alegato al inconformismo, casi un mantra vital para los que piensan que hay algo defectuoso, erróneo en la vida que hemos construido en torno a las ciudades y sus horarios. Una vida donde vale más lo que tienes que lo que vives.

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Nos gustaría hacerte una recomendación: si estás en punto extraño en el que no tienes clara tu posición en el mundo, si la vida en la ciudad te cansa, si los horarios te oprimen; quizá no deberías leer este libro. Sólo deberías hacerlo si estás dispuesto a plantearte toda tu vida por completo.

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Si tienes las agallas y el corazón para hacerlo: léelo, lo disfrutarás en cada página y sentirás que un universo entero de posibilidades se abre ante ti. Incluso puede que te sientas culpable por no estar disfrutando de tu libertad todo lo que deberías. Pero es un riesgo que debes correr, porque Hacia rutas salvaje es el mejor libro que podía pasarte.

Y a ti, ¿qué libro te ha cambiado para siempre?

Una boda que demuestra que el amor, como Teruel, existe

Os contaré un secreto. Siempre he pensado con mucho convencimiento que nunca me casaría. No sólo porque quizá no aparezca la persona con la que decidir pasar el resto de mis días, sino más por el pensamiento de «las bodas no son para mí». Quizá esto lo pensaba porque no había sido testigo de la felicidad que derrochan esas personas especiales de tu vida durante su día D. Hoy vengo a hablaros de la boda de una de esas personas especiales que casi consigue convencerme de que eso de casarse no está tan mal.

La persona especial en cuestión es mi amiga Alicia. Nos conocimos en Milán hace ya más de 10 años, cuando las dos éramos estudiantes de periodismo de Erasmus y ella es una de las razones por las que aquella experiencia valió la pena. Nuestras aventuras milanesas merecerían otro post, pero quizá no en este blog.

Aunque Alicia es de Valencia, es más de su pueblo: Rubielos de Mora. Por eso, cuando me dijo que se casaba, ya sabía que el lugar de la boda no podía ser otro. Y la elección fue todo un acierto, porque el encanto de este pequeño pueblo de Teruel (existe) llenó de magia la boda de Alicia y Carlos.

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En la misma llamada en la que me anunció su boda, Alicia ya tenía todo pensado: sabía que quería que el color predominante de la boda fuese el amarillo, que las flores protagonistas serían las margaritas (para darle un estilo rústico) y mientras me hablaba por teléfono me la imaginaba recopilando botes de cristal para los centros de mesa. La propia Alicia diseñó toda la papelería de la boda y junto a la ayuda de su familia, también se encargó de todos los detalles totalmente diy como el seatting, donde un corazón de tela te anunciaba tu mesa.

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La boda estuvo llena de sorpresas y recuerdos para los invitados como chapas con frases textuales de algunos de los presentes que ya han pasado a la historia, un té especial con un detalle en fimo que la propia Ali había horneado o una cerveza artesanal Mijares para seguir brindando en casa por Alicia y Carlos.

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Alicia es una de esas novias personas desenfadadas y naturales, por eso su vestido de Rembo Styling no podía ser más acertado para reflejar su personalidad romántica, pero práctica a la vez. Un tocado de Julieta&Co combinaba a la perfección tanto con el vestido como con esta boda rústica (o rustichic que es más trendy). Pero realmente no importa de dónde era el vestido, ni el peinado, ni el maquillaje, Alicia podría haber ido en chandal, que la felicidad que derrochaba hubiese sido suficiente. Y vuelvo a lo que os comentaba al principio: cuando ves a alguien a quien quieres tan inmensamente feliz, debe ser porque el amor, como Teruel, también existe y merece la pena compartirlo y contagiarlo.

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En la boda no faltaron ni el confetti, ni los bailes, tanto de charanga como del indie más moderno de Malasaña, ni un concurso de Furor ni, por supuesto, las agujetas del día siguiente (true story). Y es que las bodas son nuestros nuevos festivales de música, y con bodas como las de Alicia y Carlos, te entran ganas de ser cabeza de cartel.

Gracias a ambos por querer compartir su boda en este blog y a Nuria, la autora de estas fotos de Estudio Valo por captar la magia de un día tan especial.

P.D. Si tú también te has currado una boda bonitista y quieres compartirla con nosotras y nuestros lectores, puedes enviarnos un e-mail a hola@bonitismos.com

Rupert, ¡te necesito!

Este es otro post que no debes leer si estás a la última en tendencias, en este caso de cortes de pelo. Llevo semanas diciendo «tengo que ir a la peluquería», pero entre vacaciones, frío y ganas de siesta no encuentro el momento. Y además, no tengo muy claro qué quiero hacer con mi pelo. Por eso, hoy más que nunca me entran ganas de gritar eso de «Rupert, te necesito». Así que para intentar aclarar las ideas, he tirado de Pinterest y he echado un par de vistazos a lo que se lleva, y la verdad, aquí en confianza, me da un poco igual. Sólo busco un corte de pelo, que de alguna forma me represente y con el que me sienta cómoda.

En verano decidí cortar por lo sano y pase de tener una melena (melenón) que casi me cubría los pechos (rombos, rombos) a un corte casi bob con flequillo, que me gustó muchísimo. Pero el pelo crece y en mi caso muchísimo y ahora estoy en camino de una media melena, que no sé si dejar crecer o cortar de nuevo. Parece que gana la opción de cortar, pero además y liándome la manta a la cabeza, he pensado dar un toque de color a mi melena morena, morena. Aunque tengo un poco de miedote, porque no me gustaría ser una mechosa. De repente leo cosas como mechas ombre (yo que me quedé en las californianas), bronde, balayage y me doy cuenta de que casi hace falta estudiar para ir a la peluquería.

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Una vez escuché en un monólogo que cuando vamos a la peluquería y le pedimos el corte de Meg Ryan (hace mucho tiempo de esto y entonces Meg Ryan era lo más), no queremos el corte de pelo, queremos su cara. Por eso y como controlar las expectativas es la clave para la felicidad, intento no ir a la peluquería pensando que voy a salir siendo otra. Al contrario, deberíamos ir a la peluquería teniendo claro quiénes somos. Aún así siempre aparezco con una foto de Alexa Chung o de Blanca Suárez. Lo único que tengo claro de cara a este pequeño cambio de look es que lo quiero con flequillo (¿está de moda?), porque cuando me imagino a mi misma, me imagino con flequillo (y labios rojos).

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Y de repente, las fotos de Alexa Chung y Blanca Suárez, tienen una nueva sustituta: Dakota Johnson con su look durante y post de Cómo ser soltera. Me gusta el corte y me gusta el toque de color (quizá no tan radicalmente), ya que como es morena, me puedo imaginar cómo sería en mi caso.

No sé si al final encontraré el hueco para ir a la peluquería, si me cortaré solo el flequillo o terminaré rubia a lo Madonna con las cejas negras. Lo que sí sé, que sea cual sea el resultado, el pelo crece y que estamos en invierno y puedo usar un gorro.

¡Que tengáis un gran finde con los pelos a lo loco!

Dándole un toque exótico a nuestra cocina: recetas con leche de coco

Recetas con leche de coco

Aunque hoy vamos a hablar de recetas con leche de coco, la verdad es que este es un post más de necesidad que de ganas de innovar en la cocina. Pero al final somos una curiosonas y siempre nos apañamos para terminar en algún que otro jardín culinario.

El domingo se me ocurrió aprovechar unas salsas que me traje en la mochila de mi viaje a Indonesia. Me pareció el acompañamiento perfecto para unas albóndigas vegetarianas que había comprado en el Lidl (muy recomendables, por cierto) y así seguir  mi lunes sin carne. La salsa en cuestión es la clave del Opor Ayam, una receta javanesa con pollo, pero que funciona genial para vegetarianos. Esta salsa (o el mejunje que traje de Indonesia) se cocina con leche de coco, así que me fui a mi chino de confianza a por ella. Pero las latas pequeñas no tenían abrefácil y terminé llevándome un brik de un litro. Así que ahora tengo medio litro de leche de coco esperando a ser utilizado en la nevera. Y aquí está la verdadera razón de este post, ¿qué puedes cocinar con leche de coco? Pues la verdad, que gracias a internet, ¡un montón de cosas! De hecho, mientras escribo este post tengo una de las recetas que hoy os traemos en los fogones.

Recetas con leche de coco

De primero, crema de calabaza con leche de coco y jengibre

Hemos ido a lo fácil y a seguir tirando de restos, que aún tenemos un poco de jengibre después de nuestros remedios caseros de la semana pasada. Y básicamente hemos seguido nuestra receta tradicional de crema de calabaza añadiéndole la leche de coco y el toque de jengibre. Es bastante parecida a esta de Yomemimo. Pero si queréis seguir innovando, esta receta de Galletas para Matilde incluye también miel y lima, seguro que es una buena apuesta.

De segundo, pescado con leche de coco

Sí, pescado. Tanto en el Caribe (mi amol) como en buena parte de Asia, la leche de coco es uno de los ingredientes más frecuentes en sus salsas. Y el pescado fresquísimo abunda en sus chiringuitos (donde nos gustaría estar ahora y no en esta ola de frío polar). Esta receta es de República Dominicana, y aunque no la hemos probado en vivo y en directo, ya nos relamemos. Además, la leche de coco también se usa para algunos ceviches, un plato al que somos bastante adictas.

Y de postre, bizcocho de leche de coco

Ponemos el punto dulce con un bizcocho, que lo mismo nos puede servir de postre como para merendar. Si entre vuestros propósitos estaba la dieta, os pedimos perdón, pero es que somos una golosonas.

Parece que la leche de coco es muy versátil y con ese puntito exótico, nos engañamos un poco y pensamos en las vacaciones y en el calorcito, que con el frío que se avecina no viene nada mal. Y tú, ¿sueles usarla en tus recetas?

¡Feliz martes!