Pastel ligero de calabacín: jueves de receta

El calabacín es tu amigo… es nuestro amigo.  Y la berenjena, el brócoli y demás familiares que siempre deben de andar por casa y ahora más que nunca.

Hoy por ser jueves, y porque lo hicimos el otro día y nos salió de rechupete, os traemos una receta fácil, económica y apta para dietas: ¿quién da mas? Pastel ligero de calabacín.

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Obviamente, los ingredientes los podéis adaptar a vuestro gusto, pero lo que os aseguramos es que no os vais a arrepentir.

Para empezar, cortamos el calabacín en rodajitas. Si tenéis mandolina os será mucho más fácil. Engrasamos un poco un molde y empezamos a colocar las rodajas, después una capa de tomate frito, otra de atún y un huevo batido. Le añadí un poquito de sal y de hierbas provenzales. Y así hasta tres capas (es lo que nos ha dado nuestro molde). Le hemos puesto un poco de queso rallado por encima, que la dieta está muy bien pero hay que darle algo de alegría a la comida…

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Después lo metéis en el horno a unos 180-200 Cº. Esto dependerá de vuestro horno, nosotras lo hemos tapado con papel de plata para que se haga bien por dentro y no se nos queme y lo hemos tenido 30 minutos. Pasado este tiempo, le hemos quitado el papel y lo hemos dejado unos 10 minutos más para que se terminase de gratinar.

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Éste ha sido el resultado y ¡lo tenéis que probar! Puede ser una solución rápida para una cena o para llevar al día siguiente al trabajo en tupper.

Una manera diferente de comer verduras, que todo no va a ser brócoli al vapor, ¿no?

¿Qué os parece? ¿Sois de hacer pasteles de este tipo?

Bueno, esperamos que os guste que la probéis y que nos contéis cómo ha sido el resultado.

Buen jueves y nos vemos por aquí mañana.

Por cierto, si sois de celebrar San Juan esta noche…¡a disfrutar!

Sombrero panamá con flores, ¡we love it!

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La pasada semana ya os declarábamos nuestro amor incondicional por los sombreros y hoy seguimos hablando de ellos. En concreto de uno que no nos cansamos de ponernos verano tras verano: el sombrero panamá. Pero vamos a rizar más el rizo (hablando de sombreros y rizos… vaya dos enemigos), porque nuestro nuevo objetivo es hacernos con un sombrero panamá con flores para algún evento… sí sí. Los canotiers y las pamelas están muy bien, pero cómo creéis que combina la mezcla…

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Pues no imaginéis porque lo hemos probado…y nos encanta. Como no nos fiábamos demasiado, el conejillo de indias ha sido un sombrero panamá de Primark de 5 €. Unas flores antiguas que teníamos por casa, la pistola de silicona…y listo.

En honor a la verdad, ya veníamos barruntando desde hace tiempo eso de incluir unas flores en nuestro panamá pero ahora no logramos encontrar la foto con la que se nos encendió la bombilla. Aún así, hemos hecho un recopilatorio de looks con sombreros panamá y una de ellas… ¡lleva flor! Tipa estilosa donde las haya.

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Fotos vistas en 1 // 2 // 3 // 4 // 5 // 6 // 7 // 8 // 9 // 10 

Pero en este post, no podía despedirme sin antes hacer alarde de mis pocas dotes como bloguer. Y es que ya me había hecho mi nuevo sombrero panamá, me lo probaba. Y ya que me lo probaba… me echaba una foto (autofoto, el colmo de la bloguer). Y ya que me hago una foto, la publico (o no?, pero me he venido arriba).

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Pues con todo el grano del mundo en la foto… nos despedimos por hoy.

¿Os ha convencido el panamá con flores? ¿Os atrevéis para alguna boda o evento? ¡Queremos vuestras opiniones!

Hasta mañana, bye!

Reformation, una marca para novias diferentes

Porque no son vestidos de novia como tal, es una tienda americana, son vestidos relativamente baratos y tiene rollo… por eso Reformation es una marca para novias diferentes.

Os contamos un poco brevemente antes. Esta marca tuvo su punto de inflexión el pasado año, un pelotazo en toda regla, vamos. Ha ido triplicando año tras años sus ingresos y su página web es el buque insignia de la firma: venden online más de la mitad de sus cifras anuales. Algunas claves para este éxito tan arrollador es que tienen gastos de envío gratis a todas las partes del mundo, diseños con cortes sencillos pero buenos acabados, precios relativamente económicos y compromiso con el medio ambiente.

Con todos estos ingredientes y una buena dosis de escotes tanto delanteros como traseros (igual no se lleva muy bien con el sujetador pero algún apaño siempre hay) el cóctel es explosivo.

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Los vestidos que hemos seleccionados y que vemos perfectos para cualquier boda, cuestan entre los 250 y 650 dólares. Son ideales para bodas desenfadadas, civiles, con un presupuesto moderado o como segundo vestido. A nosotras nos enamoran.

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Todas las fotos son de la web de Reformation

¿Conocíais la marca? ¿Os atreveríais a comprar un traje de novia online?

Por cierto, que la marca tiene tiendas en NY así que si vais próximamente es una dirección a tener en cuenta porque el resto de la colección es simplemente: per-fec-ta.

¡Nos vemos mañana por aquí!

Pasta de speculoos, el descubrimiento del año

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Igual que no nos pudimos resistir a un trocito más de pan (y otro más) con la pasta de speculoos, tampoco nos hemos podido resistir a escribir este post. De nuevo nos vais a permitir que nos vayamos a París, pero es que allí es donde descubrimos este invento de los ángeles (o del demonio según  lo veas porque tiene calorías para una familia de diez)… vamos, el descubrimiento gastronómico del año: ¡la pasta de speculoos!

Y sí, parece el nombre de una planta rara o un medicamento, pero sabéis esas galletas de jengibre y canela típicas del norte de Europa que se comen en Navidad… o aquéllas otras que ponen en algunas cafeterías que vienen en un plástico rojo y son de Lotus: ¡pues esas galletas se llaman speculoos!

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Imagen para salivar en 3,2,1… encontrada en Pinterest

Ésa es la pasta en cuestión y nos la dio a probar nuestra amiga Patri para desayunar en su casa de París. No teníamos ni idea de su existencia y cuando la probamos nos dio en el cerebro ese chispazo que produce el chocolate, la Nutella, el dulce de leche y todas esas cosas que engordan muchísimo y se pega al michelín no deberíamos comer a menudo.

Los Speculoos originales son unas galletas belgas tradicionales que se hacen en Navidad y la semanas previas, y se han popularizado en otros países cercanos como en Alemania, Holanda y el norte de Francia. Los ingredientes de los speculoos son los de las galletas normales pero la gracia está en la mezcla de especias: canela, nuez moscada, clavo, jengibre, cardamomo y pimienta blanca, que es lo que le da calidad a la película (frikis) galleta.

Y de ahí a la pasta de esta galleta que es placer en bote, y nunca mejor dicho. Nos consta que en Madrid se puede encontrar en algunas tiendas y online de momento solo la hemos encontrado en Carritus. Aún así, también es muy popular la crema casera así que hemos seleccionado estas tres recetas por si quieres probarla hoy mismo.

 

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Pasta de Speculoos de Mi gran diversión, I love bundtcakes y ¡Qué cosa tan dulce! 

Hasta aquí nuestro gordipost de hoy. ¿Conocíais la pasta de speculoos? ¿Al menos las galletas? ¿Sabéis dónde se puede conseguir?

Ay que ya es miércoles, ¡hasta mañana! ¡Id por la sombra!

Comer en París, un placer no tan caro

Quizá fue una de las palabras que más buscamos en google a la hora de planificar nuestro viaje: comer en París. Una ciudad donde la gastronomía tiene tanta importancia, pero que a la vez nos resulta tan cara… siempre produce cierta inquietud. Por eso, esperamos que os ayude los lugares por los que hemos pasado.

Nosotras contamos con una gran ventaja, y es que allí vive una de nuestras mejores amigas (que nos ha acogido en su casa) así que ha sido todo más sencillo y guiados por «autóctonos». ¿Os venís a comer por París con nosotras?

1. La Fondue

Empezamos por un clásico entre los clásicos: la fondue de quesos. Tenemos que decir que esta primera propuesta es para hacerla en casa y nos la preparó el «Chef Matt» (en realidad Matt no es chef, pero nos supo a gloria) en nuestro primer día en París. Fue una fondue preparada en casa y estaba riquísima. Así que no tuve más remedio que preguntarle la receta para compartirla… y aquí va.

Una pieza de queso Comte, otra pieza de Emmental o Gruyere y otra pieza de Beaufort. Una media botella de vino blanco seco y unos 3/4 dientes de ajo. Mezclar todo eso en la fondue y a disfrutar con unas buenas baguettes.

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2. Una hamburguesa 

Porque siempre apetece. Vayamos a donde vayamos las hamburguesas siempre son una buena opción y muy apetecibles. Nuestros anfitriones nos llevaron a Big Fernand, una cadena de hamburgueserías en París a la que ellos van muy a menudo. Y no me extraña… burguer riquísima. El menú con bebida y patatas nos costó 15€. No es demasiado barato, pero merece la pena.

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3. Hablemos de bollería

Porque la bollería francesa con sus toneladas de mantequilla es siempre irresistible. Os recomendamos que compréis un croissant y un pain au chocolat en cualquier pâtisserie que encontréis por la calle. Podría haberme comido media docena de croissants como el de la foto… pero me contuve. Para algo más especial, no os perdáis Murciano en la zona de Le Marais, una pastelería judía la mar de singular. El señor (murciano?? ) que te atiende parece sacado de una película y el bollito que probamos estaba para llorar de placer.

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4. Tenía que llegar el crêpe, claro que sí

Imposible irse de París sin comer un crêpe. Y para ello tienes que ir a Montparnasse, la calle de las creperías. Nuestros anfitriones nos llevaron a La Creperie de Josselin, una de las más conocidas (Matt nos contó que sus padres llevan yendo allí desde finales de los 70) con un montón de detalles bonitistas. La historia de por qué allí se concentran la mayoría de las creperías, es preciosa: allí se encontraba una estación de tren que iba directa a la Bretaña y la gente de esa zona que venía a buscar trabajo a la gran ciudad se fue reuniendo allí y poniendo sus negocios. No os esperéis crêpes salados como los de España, allí son Galettes, hechas con trigo sarraceno. ¡Brutales! Si vais a Josselin tenéis que esperar en la puerta haciendo una pequeña cola, una señora muy pintoresca saldrá y os ubicará en una mesa. Normalmente para comer hay menús, que resultan más económicos. Nosotros fuimos a cenar a la carta, algo más caro, pero sin duda merece la pena. Creo que las fotos hablan por sí solas.

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Esta última foto pertenece a la crepería de Saint-Malo en la misma calle. Nos quedamos con ganas de más y tuvimos que volver a la calle del placer culinario y la oda a la mantequilla. En esta ocasión, sí nos pedimos menú de mediodía y nos costó 19€ para dos personas (galette, crepe de postre y sidra).

5. Un homenaje

Darse un pequeño homenaje culinario en París tampoco es tan caro. En este caso, fue recomendación de mis padres que no querían que nos fuésemos de París sin ir a Le Procope, el restaurante más antiguo de París. Muy cerquita de la Sorbona, en Odeon, este local se abrió en 1686 y por allí han pasado nombres tan eruditos como Voltaire o Diderot. La decoración es una lección de historia y también una visita a sus baños, sí sí, los baños… allí todavía podéis leer la leyenda de «ciudadano y ciudadana» como reminiscencia de la Revolución Francesa. Bueno, vamos  a la comida… para comer, tiene un menú por 21€ y con dos platos. Los vinos sí son muy caros, pero en todo París es habitual pedir agua del grifo, que está rica y fresquita, así que eso hicimos.

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6. Las famosas «planchas»

O lo que es lo mismo, las tablas de quesos y charcutería. Las podrás encontrar como uno de los platos más habituales en cualquier bistrot o brasserie. Merece la pena tomarla junto con una copita de vino al más puro estilo parisino. Ésta la tomamos en un bistrot cerca de casa de Patri y Matt (nuestros amiguis) y nos encantó… (de el postre ya ni hablamos, tiramisú de Nutella, ay dios).

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Hasta aquí nuestro recorrido gastronómico por París. Nos quedaron por probar muchísimas cosas, así que tendremos que volver… ¿no?

Au revoir amiguis y nos vemos mañana para celebrar el viernes por aquí.